Los kioscos de Madrid caen de 619 a 262 en una década y temen 2029
La asociación de vendedores de prensa ha perdido más de la mitad de sus puestos desde 2011. El fin de las concesiones municipales en 2029 inquieta al sector.

Vender periódicos ya no da para vivir en Madrid. La Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid ha pasado de agrupar 619 kioscos en 2011 a solo 262 en la actualidad, según los datos que recoge un reportaje de El Español. La caída se aceleró a partir de 2008 con la crisis económica y el salto del lector del papel a la pantalla, y hoy el sector encara otra incógnita: qué pasará cuando venzan las concesiones municipales.
"Vamos sobreviviendo a costa de los que han cerrado"
En la glorieta de Bilbao, Rafa abre su puesto a primera hora y coloca los diarios en abanico. Lleva décadas detrás del mostrador y explica que buena parte de su clientela actual no es nueva: viene de otros kioscos que han bajado la persiana. "Vamos sobreviviendo a costa de los que han cerrado", resume.
Sus cuentas son elocuentes. Calcula que las ventas llegaron a caer hasta el 20% de lo que vendía antes y que ahora rondan el 40%, una mejora que atribuye a los cierres ajenos: "Si no fuese por los que han cerrado, estaríamos en un 15%". No cree que el papel desaparezca, pero sí que cambie de función: "Va a ser más un objeto de lujo, del fin de semana". Su vía de supervivencia han sido los DVD, con más de tres mil títulos, después de haber probado con libros y cintas VHS.
La fecha que todos miran: 2029
Por encima de las ventas, hay un año que se repite en todas las conversaciones: 2029, cuando finalizan la mayoría de las concesiones de los puestos. "Esa es la espada de Damocles que tenemos", dice Rafa.
Desde la asociación aseguran que negocian con el Ayuntamiento de Madrid para garantizar la continuidad más allá de esa fecha, además de la homologación de los kioscos y cambios en la ordenanza que regula los espacios publicitarios y los productos que pueden venderse. Reconocen que existe voluntad municipal, pero critican la lentitud: confían en cerrar este año una solución que dé "estabilidad y tranquilidad a los titulares". En los últimos años, añaden, varios puestos han recibido inspecciones y algunas sanciones por publicidad o mercancía expuesta.
Del modelo clásico al kiosco híbrido
La fotografía del sector es desigual. En Chamartín, Susana sostiene un puesto que abrió su padre a finales de los setenta y que ella lleva desde 2000. Vende entre 90 y 95 periódicos al día, recoge paquetes, guarda llaves y transmite recados. Se define como "tradicional total" y rechaza convertir el puesto en otra cosa: "Un kiosco de prensa no es un kiosco de café". Sus hijos no seguirán con el negocio.
En el barrio de Salamanca, Ángel atiende un kiosco que montó su abuelo en 1926. Abre a las seis y cuarto de la mañana, ha incorporado juguetes y pequeños productos para completar la caja y este año se jubila sin relevo a la vista. Sitúa el punto de inflexión entre 2008 y 2009: "La primera crisis y luego ya no se pudo levantar".
Frente a ese modelo han surgido fórmulas mixtas: café de especialidad y libros en el barrio de Salamanca, un puesto en Ortega y Gasset que vende unos cien diarios al día, organiza firmas de autores y reparte prensa a domicilio a clientes mayores, bisutería combinada con revistas de moda en Bilbao o un local en La Latina donde la prensa ocupa cerca del 80% del espacio. La asociación coincide en que el modelo que mejor aguanta es el que mezcla tradición y adaptación.
El diagnóstico recuerda al de otro comercio de calle en apuros: el 41% de las librerías de Madrid ve riesgo alto de cierre. Durante la pandemia los kioscos fueron declarados servicio esencial, y el sector insiste en esa función: "Cuando un quiosco cierra, no solo desaparece un comercio, se pierde una relación humana".
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Elaborado a partir de información publicada por El Español Madrid · Fuente primaria: documento original