Las fiestas del Barrio del Pilar arrancan entre quejas por los controles policiales
Entidades del Barrio del Pilar denuncian colas de más de una hora, cacheos constantes y trabas a las casetas vecinales en el parque de La Vaguada.

Las fiestas del Barrio del Pilar, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, arrancan este jueves 8 de octubre en el parque de La Vaguada y cierran el calendario de festejos patronales de los barrios de Madrid. Lo hacen, un año más, con el malestar de buena parte del tejido asociativo del barrio, que denuncia un dispositivo de seguridad desproporcionado y cada vez menos margen para la participación vecinal. Lo ha contado elDiario.es Madrid a partir de testimonios de colectivos y familias afectadas.
Colas de más de una hora y aforos discutidos
El principal reproche tiene que ver con cómo se calcula el aforo del recinto ferial. Según las entidades consultadas, la referencia que se toma es la zona del escenario principal —este año con nombres como Despistaos o DJ Nano—, de modo que cuando esa área se llena se cierra el acceso a todo el parque, aunque el resto esté prácticamente vacío. El resultado son colas de más de una hora en los dos únicos accesos, grupos de amigos partidos en dos y puertas cerradas antes incluso de la medianoche los días de más afluencia.
"El escenario está vallado y tiene su propio control de acceso, además del que ya de por sí tiene el parque, por lo que no se entiende por qué no puede considerarse el aforo independientemente", resume una vecina citada por el medio.
Dos detenciones que acabaron archivadas
Los colectivos hablan también de un exceso de celo en los cacheos, sobre todo con los más jóvenes. El reportaje recoge dos episodios de las fiestas del año pasado. En el primero, un chico de 18 años fue detenido por la Policía Municipal tras orinar en unos arbustos y echar a correr. Pasó la noche en dependencias policiales y no quedó en libertad hasta el mediodía siguiente. El atestado hablaba de atentado a agente de la autoridad, pero el juez de instrucción descartó que los hechos fueran constitutivos de delito ni quedaran acreditados. Su familia ha decidido pasar fuera de Madrid las fiestas de este año.
En el segundo caso, un menor fue trasladado al GRUME —el grupo de menores de la Policía Judicial— por no poder desbloquear un teléfono que llevaba en la sudadera de una amiga, prestada mientras ella hacía cola en los baños portátiles. Los agentes piden a los jóvenes que salen del recinto que desbloqueen sus móviles para prevenir robos. El chico quedó libre a la mañana siguiente y la causa se archivó tres meses después, tras una segunda declaración.
Casetas vecinales: menos espacio y más trabas
Desde hace más de dos décadas, asociaciones vecinales, grupos scouts, clubes deportivos y colectivos políticos se agrupan en la Plataforma por unas fiestas populares del Barrio del Pilar, que mantiene su propia programación frente al modelo festival. Participan entidades históricas como la asociación vecinal La Flor, protagonista de la campaña "La Vaguada es nuestra" entre los setenta y los ochenta; el centro social autogestionado La Piluka; la Agrupación Deportiva y Cultural Lacoma, fundada en 1989, o el grupo scout de Luján, de 1965.
Su diagnóstico coincide: las fiestas han crecido y se han mercantilizado, con una empresa adjudicataria que lo monta todo y poca participación del barrio. Sitúan el último momento de mayor implicación en los años de Ahora Madrid, cuando se amplió el número de casetas vecinales, se habilitó una gran carpa al fondo del parque y hubo escenario propio y un pequeño presupuesto. Tras la pandemia y con la remodelación del parque, las casetas volvieron al lateral y dejaron de convocarse las comisiones de fiestas de la junta de distrito. Más Madrid ha pedido su recuperación en el pleno en tres ocasiones, sin éxito.
A eso suman las visitas policiales para impedir actividades como una paella popular o un torneo de mus, alegando que en las casetas solo cabe actividad hostelera, y la prohibición el año pasado de poner música mientras actúa el escenario principal. Nadie discute que haga falta seguridad, matizan: lo que critican es que el modelo actual convierte el recinto en territorio hostil y desplaza el botellón a las calles de alrededor, como la avenida de la Ilustración o Monforte de Lemos. "Lo que hace es expandir el problema", sostienen.
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Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Madrid · Fuente primaria: documento original